- Los insecticidas Bt y similares.
Si bien la presencia de proteínas tóxicas de tipo Bt o análogos de similar efecto mata la población
de plagas con cierta especificidad, el efecto tóxico de los cristales de estas proteínas puede afectar a otros
grupos de insectos no relacionados con las plantas de cultivo. Las proteínas Cry de Bt se cristalizan en los
granos de polen (aunque éste sea polen estéril) y son dispersadas por el viento y resultan tóxicas para
otros insectos cercanos a las plantas.
- Producción de súper plagas.
Las plantas resistentes a herbicidas funcionan muy bien a corto plazo. Sin embargo a corto y
mediado plazo, el uso extensivo de agroquímicos que se da a estos cultivos puede ocasionar el
surgimiento de súper plagas. Los genes de resistencia a los herbicidas usualmente son obtenidos de
diferentes bacterias del suelo y éstos genes pueden interactuar con las malezas y hacerlas también
resistentes a los herbicidas, o bien las malezas mismas pueden desarrollar resistencia a los herbicidas por
su condición de estrategas R, y de esta forma constituirse en un problema difícil de solucionar. La
aparición de malezas resistentes a los herbicidas ocasionará inicialmente que se tengan que emplear
mayores cantidades de agroquímicos, que tienen un fuerte impacto tóxico sobre los demás componentes
del agroecosistema, y posteriormente se harán totalmente resistentes y no habrá manera de controlarlas y
las pérdidas que ocasionarán serán muy grandes, así como los daños al ecosistema (degradación).
- Resistencia a antibióticos.
Los genes de resistencia a antibióticos son útiles solamente durante el proceso de construcción
del transgénico y después no cumplen ninguna función, pero permanecen en el genoma de la planta. Esta
permanencia deja abierta la posibilidad de transferencia horizontal de estos genes a las bacterias del suelo
o a bacterias patogénicas del hombre. Se ha comprobado que esta interacción genómica planta–bacteria se
da en la naturaleza, aunque en muy baja proporción, por lo que la presencia de genes de resistencia a
antibióticos en las plantas transgénicas se convierte en un problema de salud pública de primer orden.
Normalmente se emplea el gen de la resistencia a la kanamicina para este proceso, pero también
se usan otros genes como el de resistencia a la ampicilina y a la estreptomicina, y la presencia de estos
genes en las bacterias no sólo ocasiona resistencia a estos, sino que puede desencadenar procesos
fisiológicos que hagan a la bacteria menos sensible a otras familias (moleculares) de antibióticos. Como
se puede ver, esta potencialidad de transferencia de resistencia a antibióticos amenaza seriamente décadas
de trabajo médico en el combate de enfermedades, ya que si las bacterias se vuelven resistentes sería
imposible tratar las dolencias que producen, y los efectos sobre la salud y calidad de vida humanas serían
catastróficos.
La inserción de material genético extraño a un genoma consolidado por millones de años de
evolución puede provocar numerosos problemas de estabilidad genética. El que se inserten genes que
nunca habrían podido llegar de manera natural a un genoma vegetal (como genes de bacterias y virus)
hace que se pierda parte de la estabilidad estructural y bioquímica del genoma de la planta, y éste, para
recuperar dicha estabilidad, deberá modificarse hasta llegar a formas más estables por medio de
mutaciones pequeñas y grandes, con efectos de diferente magnitud.
- Interacción ecológica negativa.
La adición de nuevas características a las plantas puede representar en algunos casos que se
rompan asociaciones naturales con otras formas de vida (por ejemplo, los polinizadores), y que gracias a
esto se cambien o rompan los ciclos normales de funcionamiento ecológico, afectando a todo el
ecosistema.
- Riesgo a la biodiversidad.
Los grupos ambientalistas han satanizado a los transgénicos aludiendo al riesgo de pérdida de la
biodiversidad. Si bien en principio la generación de nuevas variedades de plantas parece contribuir a la
biodiversidad, en lugar de reducirla, el efecto a mediano y largo plazo –en la mayoría de los casos– es una
reducción de esta.
Las formas genéticamente modificadas de alguna manera se relacionan con sus parientes
silvestres, ya sea porque están geográficamente cercanas, o por flujos de polen mediante corrientes de
viento y se da un proceso de hibridación entre las plantas transgénicas y las plantas silvestres. Esta
hibridación ocasiona un proceso de contaminación genética, el cual es irreversible, ya que los genes
introducidos en esa progenie no se pueden retirar ni se puede evitar que se transfieran a una segunda
generación.
- Transferencia horizontal de genes.
Como en el caso de la resistencia a antibióticos, cabe la posibilidad de transferencia horizontal de
genes provenientes de las plantas transgénicas. Los efectos que puedan tener estos genes en otras plantas,
y peor aún, en otro tipo de organismos, son impredecibles. Recientemente los científicos han demostrado
que las variedades transgénicas de maíz cultivadas en Estados Unidos, contaminaron variedades criollas
esta planta en México.
El introducir genes extraños en las plantas que sirven de alimento, hace que en la comida
cotidiana aparezcan sustancias que de otra manera nunca habrían entrado a la dieta humana, como por
ejemplo proteínas bacterianas. Se ha visto que muchas de estas sustancias nuevas en las plantas
transgénicas son potenciales alergenos para los seres humanos.
El problema de las alergias a los compuestos nuevos constituye un asunto de salud pública de
cuidado, especialmente por los efectos secundarios que esto puede tener, como fue el caso de las personas
en Estados Unidos que enfermaron mortalmente por el consumo de L–triptófano producido por técnicas
de DNA recombinante en bacterias.
El problema clave de las investigaciones de los riesgos en el medio ambiente consiste en
determinar de qué manera un transgén puede modificar el equilibrio del ecosistema en el que se introduce
y cuáles serían las consecuencias de tal modificación. Por ejemplo, las colzas transgénicas sintetizan
proteínas (glucanasa, quitinasa) capaces de destruir la pared celular de hongos patógenos, o sustancias
que inhiben los enzimas digestivos de los insectos devoradores. Las abejas que liban las flores de la colza
podrían quedar afectadas por la quitinasa ya que esta sustancia degradaría la quitina de la cutícula de la
abeja. Los experimentos llevados a cabo, por organismos oficiales europeos, para evaluar este riesgo han
demostrado que no hay motivos de preocupación por falta de riesgo significativo.